Publicación: International Bear News, Vol. 34 No. 3, Otoño 2025.

Autor: Felipe Pereira

Entre el bosque semicaducifolio y el bosque montano bajo de los Andes venezolanos, una iniciativa de conservación ofrece nuevas esperanzas para el oso andino (Tremarctos ornatus), una especie en peligro de extinción, mediante un esfuerzo pionero para integrar estrategias de Adaptación Basada en Ecosistemas (AbE) personalizadas (UICN 2021) en los sistemas tradicionales de ganadería lechera de las tierras altas, conocido como el “Programa de Ganadería de Tierras Altas” (PROGAL), una iniciativa gubernamental de la década de 1970 para mejorar la producción de leche a más de 1500 m en la región andina (Castillo y Suniaga 2009). Los efectos directos de la ganadería tradicional sobre el cambio climático, a través de las emisiones de gases de efecto invernadero, la deforestación para la creación de pastizales, el impacto en las fuentes de agua y la degradación del suelo debido al sobrepastoreo, resultan en una transformación de los hábitats y ecosistemas naturales, afectando directamente la biodiversidad. Esta superposición de la actividad humana y el hábitat del oso también ha incrementado drásticamente las posibilidades de conflicto entre humanos y osos, lo que representa una amenaza directa para la supervivencia del oso andino, no solo en Venezuela sino en toda la región (Márquez y Goldstein, 2014).

Nuestro estudio se realizó en una pequeña zona (2,5 km²), pero con una intensa actividad osina, al noroeste de la ciudad de Ejido, centrándose en los bosques remanentes de Calycolpus moritzianus, conocido localmente como cinaro. Por razones desconocidas, el cinaro ha sobrevivido al sobrepastoreo para convertirse en la especie predominante en los potreros de las granjas lecheras de la cordillera. En nuestra área de estudio, rastreamos la actividad de los osos entre 2008 y 2021, identificando 145 árboles marcados por osos de un inventario georreferenciado de 612 cinaros. También se identificaron al menos 9 osos individuales durante el período de estudio, que se presentaron consistentemente durante la temporada de fructificación del cinaro (abril-mayo y septiembre-octubre), lo que subraya la importancia ecológica del sitio como zona de alimentación y refugio (Pereira, 2018).

El análisis estadístico reveló una fuerte correlación entre la detección de osos y las características del bosque maduro: árboles con un promedio de 11 m de altura, más de 60 cm de circunferencia y densidades forestales cercanas a 59 árboles por hectárea. Estos hallazgos sugieren que estas características estructurales pueden servir como covariables fiables del sitio para la detección de osos y ayudar a identificar otras zonas prioritarias de conservación, como las propuestas por MacKenzie et al. (2017). Además de los datos ecológicos, el estudio incorporó encuestas socioecológicas adaptadas de la Alianza para la Conservación del Oso Andino (Corponariño, 2016). Un análisis comparativo de regresión logística de 30 fincas reveló que las prácticas clave de manejo ganadero, como la subdivisión en parcelas más pequeñas (≤30 ha), el monitoreo frecuente del rebaño y la proximidad entre las viviendas y el ganado, fueron factores significativos para minimizar los daños causados ​​por los osos, pero solo cuando se implementaron en conjunto.

Signos de presencia y avistamientos. Área de estudio de las zonas de pastoreo. La leyenda indica la ubicación de viviendas, instalaciones agrícolas, instalaciones turísticas, hidrografía, carreteras y límites del Parque Nacional.

Con base en estos conocimientos, desarrollamos una estrategia de Adaptación Basada en Ecosistemas (AbE) adaptada a la región utilizando el Modelo Canvas de Adaptación Basada en Ecosistemas (AbE) de la UICN. El plan se centra en unidades silvopastoriles de 30 hectáreas que enriquecen los bosques de cinaro con especies nativas como el aliso andino (Alnus acuminata) y el sauce de Humboldt (Salix humboldtiana), a la vez que incorporan forrajes productivos como el pasto kikuyo (Chencrus clandestinum), la morera (Morus nigra) y el girasol mexicano (Tithonia diversifolia). Otras características incluyen cercas vivas, pastoreo rotativo y protección de parches forestales, todo ello diseñado para beneficiar a los osos y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, mejorar los corredores ecológicos y crear, en lo que hasta ahora ha sido una actividad tradicionalmente masculina, equidad de género y oportunidades económicas para las mujeres en la recolección de alimentos, el ecoturismo y el monitoreo de conflictos.

La temporada de fructificación del cínaro (Calycolpus moritzianus) atrae a los osos andinos durante abril-mayo y octubre-diciembre. Este árbol está emparentado con la guayaba y posee usos medicinales. Foto: Felipe Pereira.

Marca de escalada dejada en un árbol de cínaro por un oso andino. Foto: Felipe Pereira.

Con el financiamiento adecuado, se proyecta que el modelo alcance el equilibrio financiero en un plazo de tres años, duplicando potencialmente la producción lechera y reduciendo los costos operativos. Este modelo también podría adaptarse a zonas de mayor altitud, como los páramos, donde otros factores, como el pastoreo en parques nacionales y áreas protegidas, desempeñan un papel importante en el conflicto entre humanos y osos.

Para garantizar una implementación exitosa, el estudio propone un marco de gobernanza multinivel entre el Ministerio de Medio Ambiente de Venezuela (MINEC), otras agencias gubernamentales como CORPOANDES e INPARQUES, la comunidad científica (universidades y organizaciones locales de conservación) y los productores lecheros locales de tierras altas (Pereira, 2024).

Esta es la primera aplicación documentada de la AbE para mitigar el conflicto entre humanos y osos andinos en Venezuela. A medida que aumenta la demanda mundial de alimentos, esta estrategia ofrece un modelo replicable para mejorar los servicios ecosistémicos, promover la seguridad alimentaria y proteger una especie clave. Con una planificación basada en la evidencia y una gobernanza inclusiva, la AbE silvopastoril podría convertirse en un puente poderoso entre la conservación y la resiliencia rural, garantizando que tanto las personas como la vida silvestre prosperen en los Andes venezolanos.

Agradecimientos

Agradecemos a la Alianza para la Conservación del Oso Andino (ABCA).

Publicado por: Felipe Pereira

Médico Veterinario, ecologista y fundador del Biocontacto desde 2015.

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